Las sombras sobre los comicios no impiden la victoria del general Al Sisi


#Resultados provisionales

El Cairo – Observadores norteamericanos advierten de que el “ambiente de represión política imposibilita unas elecciones democráticas”; el 44% de participación genera todo tipo de dudas; pero dentro y fuera de Egipto parecen claudicar y aceptan la presidencia del ex general y golpista, AbdelFatáh Al Sisi. Hasta su contrincante, Hamden Sabahi, asume la derrota al mismo tiempo que reconoce las violaciones que han rodeado estos comicios. “No nos retiramos de las elecciones por el bien de la nación”, declaró. Continue reading

Egipto acude a las urnas para legitimar a Al Sisi


Elecciones presidenciales mayo 2014El Cairo – La polarización de Egipto es también emocional. Así que ayer se juntaron en los colegios electorales las danzas y la algarabía por el candidato Abdel Fatah al Sisi con el malestar silencioso y silenciado de quienes aguantan el sexto proceso electoral de un inconcluso período de transición. «¿Dónde están los carteles de Hamden Sabahi (candidato naserista)?», estallaba M. al Masri a los pies de un sobredimensionado póster del omnipresente Al Sisi. Antes habría intentado disimular su malestar asegurando que Al Sisi era «el salvador». Una conversación y quince minutos después, se sincera: «No hay apenas campaña de Sabahi, porque el que tiene el poder y el dinero es el Ejército. Esto no es una democracia». Continue reading

Egipto hace que reflexiona en unos comicios sin suspense


Aunque se ha ganado el apelativo de candidato invisible, por su ausencia en actos electorales y con escasas apariciones en las cadenas de televisión egipcias, la cara de Abdel Fatah al Sisi es, sin embargo, la más vista estos días en Egipto y su nombre el más repetido como próximo presidente del país, que saldrá previsiblemente de los comicios convocados para mañana y el martes.

El aclamado líder militar parece mantener el impulso de quienes lo alzaron como salvador cuando encabezó el golpe de Estado que depuso al presidente electo de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Mursi. Fue precisamente Mursi quién lo puso al cargo del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA), en sustitución del polémico mariscal de la transición, Huseín Tantaui. Pero desde el poderío de esta plataforma no solo protagonizó el viraje de la transición democrática, con el apoyo de una población hastiada por el mandato islamista, sino Continue reading

Mubarak también quiere votar a favor de la Constitución egipcia


El Cairo – La mayoría reconocía haber leído «shuai» (poco) el texto de la Constitución que Egipto comenzó a votar ayer. Era la primera de las dos jornadas durante las que 52 millones de ciudadanos están llamados a pronunciarse, pero los motivos que movilizaron a quienes se acercaron ayer a las urnas fueron principalmente dos: «Creo que sin los Hermanos Musulmanes estaremos mejor», reconocía Abder Rahman, de 23 años, en un colegio electoral de Guiza; y «Al Sisi nos traerá un futuro», declaraba Waled, de 30, en El Cairo.

Arrinconar a la hermandad y apoyar la figura del jefe del Ejército, Abdel Fatah al Sisi, y con ella la nueva ruta política que ha tomado Egipto, convirtió la jornada de ayer en un masivo apoyo al sí. No es una suposición. Pocos tomaron precauciones para esconder su voto. Utilizaban las urnas o la mesa electoral del presidente para marcar la papeleta a la vista de todos. «Por supuesto que voté sí», fue la frase más repetida a la salida de los centros de votación. Continue reading

Vuelta al temido pasado militar o avance hacia un incierto futuro islamista


Un joven increpa desde el autobús a los votantes que hacen cola en uno de los colegios electorales del barrio cariota de Sahafiyín. La indignación se la provoca saber que quienes participan en esta segunda ronda electoral estarán apoyando o bien a un exprimer ministro del antiguo régimen —y con él la vuelta al pasado militar que intentaron derrocar— o bien a un islamista y a un incierto futuro confesional, con el que temen que Egipto se convierta en un Estado islámico.  Ahmed Shafiq, el exprimer ministro, y Mohamed Mursi, candidato de los Hermanos Musulmanes, representan los dos peores escenarios para un país que inició hace más de un año un cambio político, el cual ha costado 1100 muertos.

La baja participación del 15%, según el Sindicato de Abogados, parece indicar que la primera jornada electoral solo se han movilizaron los convencidos. No se prevé que el porcentaje aumente significativamente este domingo, a pesar de que a las puertas de los colegios electorales o en los cafés de Cairo no era difícil encontrar indecisos que se preguntaban a sí mismos si debían o no depositar una papeleta. La duda surge de que no serían votos de apoyo. «No es que quiera votar a Mursi, es que quiero votar contra Shafiq», reconoce Amr, un joven ingeniero todavía vacilante sobre su participación. Como él, muchos de los que no faltaron a la cita de Tahrir durante los 18 días de la revolución, se sienten obligados a elegir; a evitar que salga elegido un candidato que ha mostrado recientemente en la televisión pública su admiración por Hosni Mubarak y que amenaza con «limpiar Tahrir en media hora» si vuelven a convocarse manifestaciones. Así que es posible encontrar a izquierdistas y jóvenes laicos apoyando al islamista Mursi, como jamás hubieran imaginado.

Los indecisos que se plantean apoyar a Shafiq pretenden evitar la victoria de los preceptos conservadores y confesionales que representan los Hermanos Musulmanes. Sus propuestas antiliberales en el Parlamento alineadas con las de los grupos salafistas, no les ha creado buena reputación durante la transición. El islamismo es temido por una parte de los egipcios que además lo ven incompatible con la concepción de un país turístico. Creen que ahuyentará a los visitantes extranjeros, muy escasos desde que se inició la revolución, y la economía del país seguirá deteriorándose y ahogando severamente a los ciudadanos.

Quinielas de incertidumbre.

Pese a tratarse de una jornada histórica, los egipcios se han comportado con aparente normalidad. No había exaltación ni entusiasmo ni celebraciones ni grandes colas en los colegios electorales. Para muchos los comicios ya tienen ganador, el candidato de la Junta Militar, así que nada esperan. El juego, como suelen denominarlo, creen que ha quedado al descubierto después de que el Tribunal Constitucional anulara un tercio de los escaños y disolviera el Parlamento a dos días de las elecciones. Se ha interpretado como una clara maniobra política con la que el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA) se asegura su permanencia.

De esta manera, las primeras elecciones civiles de Egipto se han celebrado sin Parlamento, sin una nueva Carta Magna, como constaba el calendario electoral, y con la aprobación de un decreto que resucita el estado de excepción derogado este mes de junio tras 30 años de vigencia. Es decir, el CSFA vuelve a tener todos los poderes hasta que se celebren unas nuevas elecciones parlamentarias. Por otra parte, la ausencia de una nueva Constitución deja las funciones del presidente en el aire y con el nuevo decreto, la policía y los militares vuelven a tener carta blanca para arrestar a los alborotadores.

La sensación es que los egipcios no están pensando en quién será el próximo presidente de Egipto, que parece que seguirá teniendo uniforme, sino sobre el día de la semana en el quetodo volverá a estallar. Podría darse con el inicio del recuento, tras el cierre de los colegios electorales; otros creen que «lo más fuerte» llegará con el anuncio oficial del nuevo presidente el próximo 21 de junio. Pero, en realidad, nadie sabe, como dicen varias voces, a diferentes horas del día, desde distintos lugares de la capital: «Nadie sabe lo que pasará en Egipto estos días». Y sin embargo, pese al discurso derrotista de una revolución que dan por perdida, el optimismo cierra la mayoría de las conversaciones en El Cairo. «La gente está cansada pero todavía tiene hambre», recuerda Ahmad citando el factor revulsivo que podría reactivar una nueva movilización. Lo cierto es que al margen de que Tahrir vuelva a llenarse o siga vacía y decadente como esta jornada de sábado, lo que esperanza de verdad a los egipcios es pensar que un país que ha derrocado a su presidente, «ya nunca podrá volver a ser el mismo».

“El Islam es compatible con la democracia, menos en una cosa: Dios está por encima de la gente”


HHMM Portavoz II

El Cairo – En el barrio cairota de Mokattan, un edificio se impone sobre el resto de casas residenciales por su dimensión, su perfil fastuoso y su emblema de espadas cruzadas. Dentro reverbera el eco característico de los amplios espacios, todavía nuevos, sin apenas mobiliario que amortigüe la palabra firme, tranquila y segura de quienes se sienten ganadores de la revolución y del proceso electoral que acaba de comenzar en Egipto. Prohibidos, aunque autorizados en listas independientes, durante la era de Hosni Mubarak, los Hermanos Musulmanes han liderado algunas de las convocatorias masivas de la revolución y, pese a su reciente ostracismo, estrenan una sede mitad palacio, mitad edificio administrativo. Su brazo político, el Partido Libertad y Justicia, se ha posicionado como la fuerza más votada en la primera etapa de las elecciones parlamentarias con más del 35% de apoyo (resultados todavía no definitivos).

Como el rostro fotografiado de cada uno los líderes que preside la entrada a la sede, incluida la de su fundador en 1928, Hassan al-Banna, en la frente de Mahmoud Ghozlan, miembro Ejecutivo de la organización, destaca la señal amoratada de quienes rezan cinco veces al día. Nos saluda posando la palma de su mano sobre el pecho para evitar el contacto con la nuestra. Cada movimiento y cada una de sus palabras es cuestión de fe. Con 45.000 miembros en las cárceles durante su etapa prohibida y varios muertos por torturas, la grandeza que ahora muestra la organización se explica “porque están con Dios o, mejor dicho, Dios está con ellos”.

Ghozlan recuerda cómo el régimen de Mubarak les utilizaba para “dar miedo en el interior y en el exterior” de sus fronteras. Tratados como “terroristas” con ese halo de temor que envuelve las siglas de una formación clandestina, no habían perdido el apoyo que ahora sale a la luz, y se postulan como una fuerza mayoritaria en las dos cámaras donde, asegura, demostrarán su compatibilidad con la democracia en la que quieren participar. “El Islam es democracia y viceversa”, resume sobre su ideario social y político, que incluye el derecho a voto, la libertad de expresión, libertad religiosa, pero con “una diferencia”: Por encima del pueblo está Dios. “Las drogas, el alcohol o la relación entre dos hombres”, como se ve en Europa, donde “el pueblo puede hacer lo que quiera”, no cabe en un “país islámico” como Egipto. “Porque lo primero es el Islam y Dios dice que esto es incorrecto”.

Igual de incorrecto que sería tener una mujer presidiendo el país por lo que no comparten la candidatura de Bokhaina Kamel, la primera egipcia que se atreverá a participar en la carrera presidencial prevista para antes del 31 de julio de 2012. Aunque aclara: Por debajo del presidente, el resto de cargos están abiertos a una figura femenina. Algo que el PLJ también practica. Tampoco apoyarán la candidatura de Abdel Moneim Abu Futuh, pese a que era un destacado miembro de los Hermanos Musulmanes, que ahora se presenta como independiente. “Nosotros decidimos no participar en las elecciones presidenciales”, sentencia.

El objetivo de la organización se centra en “ganar la confianza de la gente” y en su estrategia los pasos están medidos. “No tomamos decisiones con el sentimiento o cuando estamos nerviosos”. Por eso, aunque el viernes 18 de noviembre fueron promotores de la manifestación masiva en Tahrir por su oposición a los Principios Constitucionales que presentó el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA), decidieron retirarse cuando las protestas continuaron el sábado y comenzaron los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. Antes, sondearon la situación desde Alejandría hasta El Cairo, pasando por las regiones donde se habían extendido las protestas. Tras ver que la tensión iba en aumento, decidieron desvincularse. Están convencidos de que los militares querían aprovechar su participación para “provocar el caos”y evitar que llegaran a las elecciones.

Los Hermanos Musulmanes miden sus fuerzas con el Gobierno Militar y dicen haber perdido la confianza que depositaron en la Junta al principio de la revolución. Sin embargo, a diferencia de las reivindicaciones de los que permanecen en Tahrir, han aceptado el calendario propuesto por el jefe de CSFA, Hussein Tantaui, a seguir en cuatro pasos: Elecciones parlamentarias y legislativas, aprobación de la nueva Constitución, elecciones presidenciales y traspaso definitivo del poder militar a un Gobierno civil. Durante la única reunión que, como afirma, han mantenido con el Gobierno miliar, han reiterado su apoyo a este camino sin descartar nuevas movilizaciones si el CSFA ralentiza el proceso.

También rechazan el Gobierno de Salvación Nacional alternativo propuesto por Tahrir y liderado por el Premio Nobel de la Paz, Mohamed al Baradei y Abu Futuh, pero comparten que se investiguen los posibles abusos cometidos por la policía y los militares desde el principio de la revolución hasta la semana previa a las elecciones. El portavoz de la organización sospecha que, pese a lo que se ha anunciado, no se ha iniciado ningún proceso para depurar responsabilidades entre el Ejército y las fuerzas de seguridad.

Los Hermanos Musulmanes quierensu propio papel durante el proceso de cambio que inicia Egipto; sabedores del apoyo social que han demostradotener desde los primeros días de la revolución, convertido en oficial con los primeros resultados provisionales de las elecciones legislativas del 28 y 29 de noviembre. Para quienes no terminan de entender su posición, algunos días cerca de Tahrir, otros siguiendo los pasos del Gobierno militar; Ghozlan insiste en que no tienen ningún acuerdo con CSFA, que defienden los derechos de las víctimas y heridos durante estos diez meses y apoyan elenjuiciamiento de los antiguos miembros del régimen. Algunos de ellos,todavía hoy en el poder que sustenta el Consejo Supremo.