Así viven 1.500 sirios en un edificio de tres pisos en Turquía


Gaziantep (Turquía) – El deteriorado edificio de oficinas, hoy con ropa tendida en la fachada y hogar de 1.500 sirios, destaca en medio del polígono industrial del barrio de Sosyal Tesis. Una ubicación privilegiada para encontrar trabajo en toda la industria que lo rodea. Aunque sea ilegal para los refugiados en Turquía, todos sus residentes lo han intentado, fábrica por fábrica. Los menos lo han conseguido por 30 liras (9 euros) al día; los menores de edad por 15 (4,5 euros) a la semana, pero no alcanzan a pagar los gastos. Y no todos gozan de salud para hacerlo, como Salma, aquejada de hipertensión. «Mi marido desapareció en Alepo hace seis meses y aquí estoy a la espera de volver a Siria», relata mientras lava en una palangana los calabacines pasados que ha recogido de las sobras de los supermercados.

Salma vive con sus hijos en la planta baja en una habitación sin puertas, como todas las viviendas de los tres pisos del edificio. Consiguen algo de intimidad con una manta. Se accede a casa de Mahmud Al Ahmadi por las escaleras que, a falta de ascensor, suben los ancianos fatigados. Las escaleras separan dos patios, donde retornan los gritos del juego de los niños, y en los corredores más mantas colgadas. Una por cada habitación. Mahmud Al Ahmadi retira la suya y muestra su «casa» que comparte con otras cuatro familias. Nueve menores de 21 personas con las que habita.

Para la intimidad en el habitáculo han ideado otro sistema. Hajar, la hija de Mahmud, lo muestra y saca de la trasera de una pila de colchones una cuerda que extienden de un lado al otro de la habitación desplegando unas sábanas. «Así tenemos cinco habitaciones y ahí -señala una hamaca improvisada con una colcha y cables- duerme mi hijo pequeño», que nació en Turquía. «Es turco», se ríe. En realidad, no lo dice en serio. Todos «son sirios» porque en el fondo confían en que su estancia en Turquía sea temporal, pero su padre ha comenzado a perder la paciencia: «Si seguimos así, o volvemos a Siria o nos vamos a Europa aunque muramos en el mar».

Uno de los pequeños interrumpe y añade que, además, los consideran «terroristas». Hace unos días caminaba con la batería de un coche entre sus escuálidos brazos y la policía lo paró porque pensaba que era una bomba. No era broma. Grabaron la secuencia en el móvil que muestran jocosos. Son conscientes del estigma que tiene su nacionalidad, aunque coinciden en que no tienen problemas con los obreros turcos del polígono y, en general, se sienten acogidos.

Muna, la más veterana, ya no tiene edad para trabajar, dice. Aspira profundas caladas de un cigarrillo que ha pedido mientras señala a los miembros de su familia incapacitados. La que más le preocupa es la pequeña Sara, que tiene una malformación ósea y falta de movilidad en la pierna derecha. La tarjeta AFAD (de la Autoridad Gestora de Emergencias y Desastres) que da el Gobierno turco solo a los sirios, a falta del reconocimiento del estatus de refugiados, les permite tener acceso a una asistencia médica, pero el día a día es mera supervivencia. Con electricidad, cuando la pagan.

1.500 refugiados, la mayoría de Alepo, que mediante boca oreja encontraron este modesto techo en Gaziantep de 250 liras al mes. 77 euros que no siempre alcanzan a costear entre cinco familias.

Publicado en LA VOZ DE GALICIA

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s