«Esto no terminará. Volverán a irse»


Dikili (Turquía) – Los pescadores turcos tejían las redes de faena mientras los dos ferris del segundo grupo de expulsados de Europa atracaban en el puerto de Dikili. Los ven regresar igual que los vieron marcharse. No hay un trabajador del mar de esta localidad turística sin una historia de navegación junto a la huida de los refugiados. «Hemos visto botes vacíos, guardacostas griegos volcando las barcas de los que marchaban, muertos en las playas», recuerda Dinçer. «El mes pasado encontramos a más de 600 sirios en una cala y no en muy buenas condiciones. Les tuvimos que dar agua y comida», relata sobre el encuentro que mantuvieron en turco porque «hablaban la lengua»: «pero, ¿por qué vais? Os vais a morir en la travesía», les advertía Dinçer. «Porque no tenemos otra opción», contestaban.

La hospitalidad no es, sin embargo, una bienvenida. Dinçer pasa el verano en la cosecha de la vid por 50 libras turcas por jornal (15 euros), pero el año pasado las ofertas descendieron cuando comenzaron a contratar a inmigrantes y refugiados por 15 (6 euros). No celebran su vuelta. Yilmaz se siente amenazado. «Tenemos problemas para llegar a fin de mes. Europa es más rica, pero solo aceptan arquitectos y altos ejecutivos, no a la gente con dificultades», reprocha.

Así que los trabajadores del puerto pesquero no pararon su rutina cuando a las 10 de la mañana (hora local) descendieron 45 pakistaníes del primer barco procedente de Lesbos. Algunos con mochilas, otros con mantas. Uno a uno, y acompañados por un agente de Frontex, seguían el mismo trámite: un breve paso por la carpa de recepción, reconocimiento médico en las tiendas de campaña y formalización del registro con huella dactilar. En este segundo día de devoluciones no había antidisturbios como el pasado lunes. Tan solo la policía turca que escoltaba el desembarco.

Barcos rumbo a Grecia

Dos horas y media más tarde, el segundo barco con 79 deportados trasladaba a egipcios, afganos e iraquíes, entre ellos, una mujer iraquí en silla de ruedas que pasó por el mismo trámite que sus compañeros. Ningún sirio hasta el momento ya que, según las autoridades turcas, su situación es diferente y serán devueltos en avión a cambio de enviar otro sirio desde territorio turco como consta en el acuerdo entre Bruselas y Ankara.

Con esta segunda devolución, 350 personas han regresado a Turquía desde donde se embarcaron en una peligrosa ruta que ahora vuelven a recorrer a salvo pero que les devuelve a un futuro incierto. Los expulsados son considerados inmigrantes económicos que podrían ser repatriados. Turquía pertenece a la Convención Internacional de Protección de Derechos de los Trabajadores migrantes y sus familias que será revisada el próximo 14 y 15 de abril por Naciones Unidas.

Las horas previas a la devolución, varios pescadores avistaron nuevos barcos de refugiados en la mar. Lo mismo que Eren el día antes y «lo que se espera para el verano», vaticina. Aunque ya no son los 15 botes que llegaron a encontrar en un solo día de faena. «Esto no terminará, volverán a irse», sentencia mientras sorbe un té de media tarde en un puerto más relajado, ya sin las cámaras de televisión, sin fuerzas de seguridad, personal médicos y autobuses que alteraron la mañana. Un ritmo al que no saben si van a acostumbrarse como Dikili se convierta en el centro de devolución de un acuerdo entre la Unión Europea y Turquía que pocos comparten.

El Parlamento turco abre la puerta a expulsiones automáticas a Pakistán

Los cinco autobuses con los expulsados salieron durante la mañana rumbo al centro de deportación de Kirklareli, según la información oficial, lo que significa que a todos se les abrirá expediente de devolución, incluidos afganos e iraquíes, pese a que proceden de países en guerra. Turquía no es miembro pleno de la Convención de Ginebra de 1951, ya que limitó geográficamente la concesión del estatus de refugiados, que solo otorga a los europeos. Lo que sí permite es que los inmigrantes de cualquier nacionalidad puedan iniciar la solicitud a terceros países desde Turquía. El Parlamento aprobó la noche del jueves un acuerdo de readmisión de pakistaníes con el que abre la puerta su deportación automática a Pakistán.

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