«Aunque el Ejército recuperara Mosul, no podríamos volver»


«Propiedad del Estado Islámico». Con este grafiti plasmado en negro en el muro de su casa los marcaron. Waad va pasando las fotografías que tomó en su vivienda de Mosul durante los 17 días que su familia pasó bajo el control de los yihadistas. En la primera imagen, sacada desde la ventana de su cocina, sobresale la bandera de los islamistas radicales desafiando al vecindario. En la siguiente, junto a la puerta un círculo rojo rodea una «n», en grafía árabe, de nasari, que significa cristianos. La última instantánea enfoca el candado en la valla de su casa que los expulsó «para siempre» de su hogar. La mujer de Waad, Niran, asume un exilio permanente: «Ya no tenemos nada allí, pero aunque el Ejército recuperara Mosul tampoco podríamos volver. Seguimos sin saber quién es esa gente ni dónde estarán escondidos».

Reciben el 2016 en Jordania, adonde huyeron hace más de 19 meses. El segundo Año Nuevo como refugiados. El 2015 lo recibieron en una iglesia de Amán que daba cobijo y cama a 43 iraquíes. Ahora esta familia, que pide no mostrar su rostro, vive en una sobria casa de la capital jordana pagada por Cáritas, como su sustento: 50 dinares mensuales (64 euros) para cuatro miembros. No han puesto el árbol de Navidad, ni luces de colores. No hay celebración, ni ganas. Tan solo unos dulces iraquíes de hojaldre y dátiles recuerdan discretamente estas fiestas. «Hace años que no celebramos abiertamente la Navidad», aclara Niran: desde el 2003, año de la intervención militar de Estados Unidos en Irak. Niran recuerda los problemas de sectarismo que han sufrido: «Eso que hoy llamamos Daesh [Estado Islámico] empezaron siendo extremistas y simpatizantes de Al Qaida que han estado sembrando el miedo entre los cristianos de Mosul», la segunda ciudad más importante de Irak, que en junio del 2014 cayó bajo el control de los yihadistas.

Un 2016 sin esperanza

Lo que sí celebraron la semana pasada fue la reconquista de Ramadi, a 100 kilómetros de Bagdad. Hubo alegría. «Lo vimos por televisión, pero eso no significa que confiemos en poder volver aunque retomen Mosul [el próximo objetivo]», lo que creen que ocurrirá en menos de un año. En cambio, han asumido el éxodo de un país, «el más rico de Oriente Medio», que ha quedado destrozado. La expulsión del EI no garantiza que se ponga fin a un fenómeno que no se entiende en Europa y se descifra a duras penas desde la región.«Desde el 2004 he tenido que cubrirme la cabeza con un hiyab», resalta Niran. «Los que hoy pertenecen al Daesh se hicieron fuertes allí. Sabíamos que estaban, pero entonces no sabíamos quiénes eran», matiza Niran. «Y ahora que no hay cristianos en Mosul atacan también a otros musulmanes», puntualiza Waad.

Trece años necesitaron para construir ladrillo a ladrillo la casa de la han tenido que huir. Invirtieron todos sus ahorros, que no han podido aprovechar para afrontar con perspectivas un éxodo forzado. «Pasamos el tiempo mirando el móvil cada día, a la espera de que las Naciones Unidos nos acepten y podamos salir adelante», aspira desde Amán esta familia que no percibe futuro en Irak, su país de origen, de donde escaparon, ni en Jordania, donde sobreviven sin bombas, pero sin trabajo ni esperanza.

Publicado en LA VOZ DE GALICIA el 3 de enero de 2016

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