El Estado Islámico quema vivo en una jaula de hierro al piloto jordano


La brutalidad y el terror del grupo terrorista del Estado Islámico (EI) no parece tener límites en sus objetivos propagandísticos. Ayer difundió un vídeo, de manufactura cinematográfica, que tras mostrar al rey Abdalá estrechando la mano de Barack Obama, muestra al piloto jordano Muaz al Kasasbeh, de 26 años, quemándose vivo en una jaula de hierro. Las llamas lo consumen hasta petrificarlo. Su cadáver calcinado se desploma en el suelo y es enterrado bajo un montón de piedras que arroja una excavadora. El epígrafe que precede a la secuencia: «La curación de los creyentes tramposos».

Muaz al Kasasbeh, secuestrado por los yihadistas el 24 de diciembre cuando su avión se estrelló en Raqa (Siria), no ha sido decapitado como los otros rehenes occidentales. Es el primer secuestrado árabe asesinado y el primero de un país de la coalición que ha estado dispuesto a canjear al rehén por una terrorista de Al Qaida.

Sin embargo, Jordania no confió desde el principio en que el piloto estuviera a vivo y exigió una prueba de vida que nunca llegó para canjearlo por la terrorista Sayida al Rishawi. El otro rehén del intercambio, un periodista japonés, fue ejecutado el sábado. Desde entonces, silencio de los yihadistas.

El vídeo difundido, es decir, la ejecución de Muaz, fue grabado según las autoridades jordanas el pasado 3 de enero, como ya se había especulado en foros yihadistas. La insistencia del Estado Islámico por negociar parece, por tanto, que tuvo intención de influir en la política interna del país. Muaz pertenece a una influyente y extensa tribu, los Kasasbeh, que se oponen a la participación de Jordania en la coalición internacional que combate al EI en Irak y Siria, donde participaba como piloto Muaz. La familia tiene capacidad de presionar al Gobierno.

Exigen venganza

La reacción de la sociedad jordana fue instantánea. Decenas de personas se concentraron ayer en la capital y en Karak, de donde procede la familia tribal, para mostrar no solo su rechazo sino exigir venganza. En una sociedad eminentemente pacífica, las proclamas de revancha y sangre sonaron tan contundentes como inusuales. El Ejército de Jordania juraba venganza en la televisión nacional. «Tendrá la medida del dolor infligido a todos los jordanos», manifestó un portavoz militar.

Fuentes militares aseguraron que Sayida al Rishawi, condenada a pena de muerte, será ejecutada esta misma mañana, con otros seis yihadistas sentenciados a muerte. Jordania impuso una moratoria por la que las ejecuciones a muerte quedaron suspendidas en el 2008 y solo se volvieron a aplicar el pasado diciembre, abriendo la puerta a la reanudación del cumplimiento de este tipo de penas en el país.

En la casa de la familia de Muaz, la tensión aumentó a causa de la ira y el sufrimiento, y los padres pidieron a los periodistas que abandonaran la residencia tras recibir la noticia. De momento, la familia no se ha pronunciado, aunque es previsible que su posicionamiento condicione al del Ejecutivo.

Una muerte que agita el debate social sobre la participación en la coalición

El rey de Jordania, Abdalá II, recibió en Estados Unidos la noticia de la ejecución de Muaz al Kasasbeh y desde allí lanzó su primer mensaje, a pocas horas de conocerse el fatal desenlace que desató la ira en el país tras días de contención. Está por ver en qué acaba el debate, suscitado por la acción terrorista, sobre si Jordania debe o no permanecer en la coalición que combate al EI.

Las negociaciones con los terroristas habían conseguido dividir a la sociedad, más aún por la influencia tribal de la familia del piloto, que considera que la lucha contra el EI «no es una guerra jordana». Pero la vida del aviador ha sido lo suficientemente estimada públicamente estos días como para que el final del secuestro pueda enfriar las simpatías que comenzaban a calar en algunas comunidades influidas por grupos salafistas que habían mostrado su apoyo al EI.

Abdalá viajó el lunes a EE,UU.sin aviso previo. En medio de las negociaciones para salvar al piloto y ante el silencio del EI, que desde el segundo ultimátum vencido el jueves no se había manifestado sobre la vida de Muaz. Tras conocerse la noticia, anunció la suspensión del viaje, pero anticipó su alocución y, ataviado con kufiya roja, el pañuelo jordano, apareció decisivo en la televisión nacional. El monarca manifestó que Jordania no se amedrentaría ante las amenazas y que Muaz había sido sacrificado por la religión y el país.

El mensaje resultó ser un enfatizado discurso patriótico, con el que el monarca intenta aliviar las tensiones a base de «unidad nacional», la expresión más repetida por el Ejecutivo para calmar la presión social que pide la salida de Jordania de la coalición internacional.

Publicado en LA VOZ DE GALICIA, 4 de febrero de 2015

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