La guerra sectaria se impone en Irak


La propaganda está activada por ambos bandos. Al desfile de combatientes suníes del Estado Islámico de Irak y Siria (EIIL) se sucede el de los mercenarios que ha conseguido congregar, bajo la defensa del chiísmo, el primer ministro, Nuri Al Maliki, junto a las milicias iraníes que ya operaban en el país. El objetivo de EIIL es aniquilar a los herejes y, por tanto, a los creyentes chiíes. El del Gobierno, dice, la lucha contra el terrorismo, pero lo cierto es que, «entre los insurgentes hay un alto porcentaje de antiguos oficiales de Sadam Huseín y el Baaz», aclara el analista iraquí, Haitham Numan. De hecho, los combates fratricidas entre grupos de insurgentes suníes ya han comenzado y 17 combatientes murieron ayer en la provincia de Kirkuk.

Hasta el principal líder chií de Irak, Alí al Sistani, se ha sumado a la presión contra Al Maliki para que ceda el poder y abra una alternativa política ante la debilidad institucional del país. Desde las elecciones de abril, el vencedor Al Maliki intenta formar Gobierno para un tercer mandato sin conseguir el apoyo necesario. No satisface a kurdos, ni por supuesto a los suníes, ni siquiera al Bloque de los Libres, liderado por el poderoso clérigo chií Muqtada al Sadr, que le ha acusado de querer imponer una nueva dictadura. Ahora, también se le acuse de haber llevado al país a la actual crisis.

«Irán se empeñó en que Al Maliki se quedara, pero creo que se ha dado cuenta de que no tiene el mismo poder que hace cuatro años», aclara Numan para dar luz a un entramado político en el que hace dos semanas irrumpió EIIL y se hizo con el control de vastos territorios del norte y el centro del país, acercándose peligrosamente a Bagdad.

EIIL ya estaba en Irak desde enero controlando la provincia de Anbar, mientras consolidaba su presencia en Siria, hasta que ayer consiguieron conectar por carretera las zonas de los dos países bajo su control, con la toma del estratégico puesto fronterizo de Al Qaem. Como ahora hace en Irak, comenzó luchando en Siria mezclado con los grupos armados opositores contra el régimen de Bachar al Asad. Hasta que decidió llevar a cabo sus propias operaciones, de extrema violencia, al margen de la matriz terrorista de Al Qaida. Se enfrentó a otros grupos extremistas y fue expulsado de Al Qaida y acusado de estar más pendiente de crear un emirato transnacional que de luchar contra régimen sirio.

Un conflicto activado

Así lo hizo, y saltó a Irak, expandiendo la amenaza del terrorismo en la región. Sin embargo, la comunidad internacional y Estados Unidos no termina de intervenir porque hacerlo beneficia a las alianzas chiíes. «La guerra está activa, cada facción se está preparando así mismo y no veo que la gente está pensando ya en un solo Irak», valora Numan.

El resultado es que el balance de poderes sectarios está allanando el camino a la expansión yihadista. «Creo que ahora se está intentando volver a una tercera vía, quizá a buscar el apoyo de los líderes tribales iraquíes, porque tienen que luchar contra los yihadistas, pero a su vez evitar el apoyo al eje chií de la región».

Publicado en LA VOZ DE GALICIA el 22 de junio de 2014

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