Obama envía fuerzas especiales para socorrer al Ejército de Irak


Nadia y su hermano escaparon de la escalada de violencia sectaria que emergió en Irak después de la invasión estadounidense en 2003. No han vuelto al país desde que en 2010 eligieran, por la religión que profesan, asentarse en un barrio cristiano de Amán, desde donde estos días siguen inquietos los acontecimientos de su país, que describen
con términos como «revolución » y «terrorismo» al mismo tiempo. «Los yihadistas han aprovechado la debilidad del Gobierno pero a ellos se ha unido una población, que ya protestaba porque sufría abusos y discriminación. Hay varios grupos y antiguos aliados de Sadan Husein porque lo único que quieren es que caiga al Maliki (primer ministro, de la rama chií)».

El contexto que Nadia relata enmarca las reticencias de Estados Unidos por intervenir militarmente y posicionarse en Irak, por lo que ayer, Barack Obama, volvió a destacar las alertas sobre las políticas sectarias de los actuales líderes y apeló a un plan político conjunto: «EEUU no va a buscar opciones militares que apoyan a unos dentro de Irak, a expensas de otros», dijo sobre una crisis que se ha abierto a partir de dos posiciones religiosas, la chií del actual Ejecutivo, y la suní que abandera el grupo extremista del Estado Islámico de Irak y Levante (EIIL).

Aquí es donde Estados Unidos tiene su desafío, porque los yihadistas, que avanzan con extrema violencia e imponiendo sus draconianas reglas islámicas, suponen, como Obama reconoció, una amenaza creciente para la región y para el mundo, pero aún así descartó enviar tropas a gran escala. Lo que sí hará es mandar 300 efectivos de fuerzas especiales para asesorar al Ejército iraquí en su defensa de Bagdad, sin descartar la posibilidad de «acciones militares precisas ». Las opciones de un ataque aéreo, que solicitó el Gobierno iraquí, siguen sobre la mesa, «en caso de ser necesario», pero bajo consultas con los fuerzas de la región. En este escenario, el secretario de Estado, John Kerry, viajará para reunirse con Maliki, visto como un obstáculo para la reconciliación nacional. El primer ministro está viendo crecer un movimiento de presión en su contra, que tiene por objetivo forzar su abandono.

Dentro del país, ayer los combates entre EIIL y las fuerzas de seguridad iraquíes se mantenían en torno a la mayor refinería del país, entre confusas informaciones que atribuían su control a ambos bandos. 300 trabajadores consiguieron ser evacuados durante una breve tregua. Por su parte, la aviación iraquí atacó una reunión del grupo radical EIIL en la provincia de Diyala, donde murieron al menos 15 miembros.

La confusión de los acontecimientos mantiene a los actores internacionales entre la cautela y la suposición de que una dejación similar a la de Siria podría facilitar el crecimiento de los extremistas, que se alimenta de combatientes extranjeros que lucharon contra Bachar al Asad.

Publicado en LA VOZ DE GALICIA; el 20 de junio de 2014

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