Irak solicita apoyo aéreo a EE. UU. para combatir a los insurgentes


Irak pidió ayer oficialmente a EE.UU. que lance ataques aéreos contra posiciones de los insurgentes suníes que desde la semana pasada han extendido su dominio por el país. La petición, en virtud de un acuerdo de seguridad, tuvo lugar después de que el primer ministro, Nuri al Maliki, asegurara por la mañana que el Ejército había «retomado la iniciativa» y contrarrestaba con la aviación la toma yihadista de la principal refinería de petróleo.

Barack Obama había dejado claro que su apoyo estaría condicionado al fin de las tensiones sectarias, y ayer Al Maliki, en un discurso televisado, apareció implorando la unidad del pueblo iraquí y reconociendo que la división política había fomentado el actual conflicto. Las declaraciones se producen después de que políticos suníes y chiíes mantuvieran una reunión de urgencia la noche del martes para analizar la situación y, aunque han sido recibidas como un avance, desde el Pentágono se insiste en que los bombardeos podrían traer complicaciones políticas y militares, pero la última palabra la tiene Obama.

Desde la región, se suman las críticas, con la paradoja de que algunas de las voces vienen de Estados islámicos que, como Arabia Saudí, vive un crecimiento del sectarismo dentro sus fronteras y ha sido acusada de financiar extremistas suníes en Siria. Aun así, el reino petrolero acusó al Gobierno iraquí de traer el riesgo de «una guerra civil» que desestabilizaría a «toda la región». Por su parte, el régimen chií iraní, que «no vacilará» para defender los santuarios chiíes «de los terroristas», condicionó una posible colaboración con EE.UU. al éxito de las negociaciones del programa nuclear.

Los combates se libraron ayer, con bajas en ambos bandos, en torno a la refinería de la localidad norteña de Bayi, donde los miembros del Estado Islámico de Irak y Levanta (EIIL) llegaron a alzar su bandera negra. El Ejército también pugnaba por recuperar la estratégica Tal Afar, después de repeler a los insurgentes de Baquba, ciudad cercana a Bagdad. Los yihadistas siguieron con su expansión en el norte y desde ayer controlan tres pueblos más de la provincia de Saladino. En sus embestidas, se multiplican los secuestros de trabajadores extranjeros. 14 obreros indios de la construcción y 60 trabajadores extranjeros, entre los que habría 15 turcos, han desaparecido.

En medio de los ataques yihadistas y la contraofensiva del Gobierno, la población intenta, en vano, huir de la violencia. Médicos Sin Fronteras ha denunciado que los bombardeos iraquíes del viernes dañaron el hospital de Tikrit y ha complicado la asistencia médica de los cerca de 40.000 desplazados. La oenegé ha exigido el cese de los ataques contra hospitales y civiles en Irak.

Publicado en LA VOZ DE GALICIA el 19 de junio de 2014

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