Egipto hace que reflexiona en unos comicios sin suspense


Aunque se ha ganado el apelativo de candidato invisible, por su ausencia en actos electorales y con escasas apariciones en las cadenas de televisión egipcias, la cara de Abdel Fatah al Sisi es, sin embargo, la más vista estos días en Egipto y su nombre el más repetido como próximo presidente del país, que saldrá previsiblemente de los comicios convocados para mañana y el martes.

El aclamado líder militar parece mantener el impulso de quienes lo alzaron como salvador cuando encabezó el golpe de Estado que depuso al presidente electo de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Mursi. Fue precisamente Mursi quién lo puso al cargo del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA), en sustitución del polémico mariscal de la transición, Huseín Tantaui. Pero desde el poderío de esta plataforma no solo protagonizó el viraje de la transición democrática, con el apoyo de una población hastiada por el mandato islamista, sino también una brutal represión contra miembros de la hermandad y revolucionarios laicos que en once meses ha dejado más de 3.000 muertos y decenas de miles de encarcelados.

Su rival será solo uno: Hamdan Sabahi, defensor de agricultores y de los lemas de las protestas de enero del 2011 que, aun así, ha generado desconfianza entre los revolucionarios por una tibia condena al desalojo de la acampada islamista que el pasado mes de agosto terminó con la vida de numerosas personas. De ideología naserista, izquierdista y laico, considera que aquella tragedia fue tanto responsabilidad de los Hermanos Musulmanes como de las fuerzas de seguridad. Sabahi ha participado activamente en sus actos de campaña y, aunque es consciente de la ventaja de su competidor, se muestra esperanzado al entonar un «Nosotros podemos».

La sociedad egipcia, notablemente agotada tras una violenta y costosa transición democrática que comenzó con la caída del dictador Hosni Mubarak, busca a toda costa la seguridad y la estabilidad que, según la última encuesta del diario Al-Youm al-Sabah, son los dos principales problemas para el 87 % de los egipcios.

El primer día de reflexión, que continúa hoy, transcurrió tranquilo, aunque en la jornada anterior tres manifestantes más murieron en una de las continuas manifestaciones de los simpatizantes de Mursi. La Alianza para la Defensa d la Legitimidad, en la que se integran los Hermanos Musulmanes, insiste en intensificar las protestas durante estos días para poner de manifiesto que la consideran una «farsa» las elecciones. La organización pasó de liderar el país a estar ilegalizada y ha sido calificada de terrorista. Sus miembros sufren una persecución institucional por la que más de 1.200 simpatizantes fueron condenados a la pena de muerte por actos de violencia, aunque la pena de más de 400 al final fue conmutada.

El voto en el extranjero ya ha arrojado un 94 % de apoyo al exmariscal Al Sisi. De hecho, el referendo constitucional de enero había sido interpretado como un plebiscito del candidato que alcanzó un abrumador apoyo legitimando la nueva era militar que ha iniciado Egipto.

(Publicado en LA VOZ DE GALICIA, 25 de mayo de 2014)

 

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