Egipto cierra las urnas y abre el estado policial


El Cairo – Las alambradas y los tanques cercaron de nuevo ayer la plaza Tahrir durante el segundo y último día de votación del referendo constitucional en Egipto. Los soldados apostados en cada entrada justificaban la escena por motivos de seguridad ante la presencia de los Hermanos Musulmanes, quienes, desde diciembre, son perseguidos por terroristas. La agencia oficial alegaba que el bloqueo se producía ante el cierre de los colegios electorales, pero Moaz El Mekawy, que estaba allí respondiendo a la llamada de una manifestación por el no a la Constitución, veía otros motivos.

«No hay libertad, ni democracia». Su queja se completaba con un brusco movimiento de diez baltaguiyas, los matones del régimen, siguiendo los pasos de policías y agentes secretos con escopetas en mano, en busca de un dudoso enemigo. Suena el móvil de Moaz. Sus compañeros de la Unión de Estudiantes contra el Golpe Militar de la Universidad de El Cairo que habían convocado la protesta tampoco pudieron acceder. «No quisimos publicar nada en redes sociales, para evitar esto. Pero se han debido enterar de alguna manera», explicaba el joven de 21 años.

La primera jornada de protesta ya se había saldado con dos muertos en Kirdasa, bastión islamista, en la que también había participado. La policía dispersó a los manifestantes con munición real. Pero lo que escuece en la memoria de Moaz es la acampada en favor del despuesto Mohamed Mursi, en la que había dormido dos meses, y cuyo brutal desalojo dejó 600 muertos. «Todavía tengo amigos arrestados de aquellos días. No es que yo sea de la hermandad -se excusa-, pero estoy en todo lo que se organiza contra este sistema militar». «Nos han quitado la democracia», comentó en referencia al golpe de Estado de julio liderado por el jefe del Ejército, Abdel Fatah al Sisi.

Los no votantes como Moaz hay que encontrarlos fuera de los colegios electorales, donde ayer seguían acudiendo los simpatizantes del Al Sisi. Ahmed Hanafy es uno de los que se niega a entrar en un centro de votación. Acaba de salir de prisión después de haber sido detenido por sostener una pancarta contra el sistema: Los traidores religiosos se van. Los traidores nacionales vienen. Una acción que planeó él solo para demostrar el estado policial en el que se encuentra Egipto: «Sabía que me arrestarían, solo por intentar expresarme libremente».

El segundo día de votación registró una menor asistencia. En los colegios de Giza y El Cairo la participación no superó el 30 %, según los presidentes de las mesas. «La mayoría han sido mujeres y gente mayor», describía la joven Samar, observadora de una oenegé en el barrio cairota de Hadaik al Qubra. Aunque asegura no haber detectado irregularidades flagrantes, cree que la votación se ha realizado bajo la presión de los acólitos del antiguo régimen.

Publicado en LA VOZ DE GALICIA (16 de enero de 2014)

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