El islam político se desgasta y pierde el rumbo


Naji Abu Irshaid es jordano, joven y secular. Taiseer Alkloub también es jordano y joven, pero islamista. Los dos se consideran parte del hirak (movimiento social, en árabe) que ha estado reclamando reformas en Jordania, pero son incapaces de conciliar un futuro político.

Taiseer es también miembro del Frente de Acción Islámica (FAI), la marca política de los Hermanos Musulmanes en el país y el mayor grupo opositor que ha monopolizado las protestas de la primavera árabe. Ahora, han desaparecido de la calle y han enviado una carta al rey jordano en la que apoyan la agenda de reformas que habían estado criticando. No en vano, Abdulá II fue el primer jefe de Estado que visitó al Gobierno interino egipcio, tras el golpe militar contra el islamista, Mohamed Mursi. La hermandad local recibió el mensaje.

Naji evalúa la situación. «Se ve que están debilitados, tanto por lo ocurrido en Egipto y en Siria, donde aumentan los grupos islamistas radicales en las filas rebeldes, como por el descontento del pueblo, que no ve un proyecto concreto», afirma

Se refiere a Jordania, pero extrapola el desgaste de los islamistas al resto de países de la región. «Ahora, en la calle, encontramos a estas fuerzas por un lado y a los nacionalistas, liberales e izquierdistas por otro. Ocurre en Egipto, en Túnez y también en Jordania».

Aunque el joven laico se centra en los movimientos políticos, en realidad se trata de una división que afecta a todos los niveles de la sociedad. Los procesos constitucionales de la primavera árabe ya pusieron sobre la mesa la resistencia a que los Gobiernos islamistas aumentaran el papel de la religión en los Estados.

Los islamistas no fueron los promotores de la ola de revueltas que comenzó en el 2011, sin embargo pronto se beneficiaron de ella. Contaban con una base sólida y organizada; eran capaces de movilizar y consiguieron crear alianzas con seculares y liberales para enfrentarse al régimen de turno. En países como Egipto y Túnez ganaron las elecciones y se fortaleció su presencia en la región, pero también se abrió un interrogante: ¿puede el islam político tener cabida en los regímenes democráticos que reclama la calle? Dos años y medio después, el grupo más representativo y extenso, los Hermanos Musulmanes, está tocado y huido.

«En realidad no se ha podido completar la respuesta. Estoy muy sorprendido, sobre todo, porque el golpe de Estado en Egipto ha sido apoyado por gente que habla de libertad. Defiende la homosexualidad, la expresión libre, pero no a los islamistas. ¡Esos no son humanos!», reprocha Taiseer. La tensión, reconoce, se vive dentro de las mismas organizaciones, donde chocan corrientes conservadoras y renovadoras. Desafortunadamente, en Egipto o en Jordania los Hermanos Musulmanes no tienen la misma apertura que en Túnez o Marruecos». (LA VOZ DE GALICIA)

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