La sociedad egipcia se resquebraja


Manifestación islamista en la plaza Ramsés / Laura Fernández Palomo

El Cairo – “Vale que somos musulmanes pero no somos terroristas”. Islam se justifica sin requerimiento porque sabe que es el calificativo que le atribuye gran parte de la población egipcia por ser simpatizante del depuesto presidente Mohamed Mursi.

Acaba de voltear la cabeza para esquivar el hedor que desprende el cadáver de un joven de 21 años que yace en la mezquita de Al Iman tras perecer, junto a más de 600 personas, en el desalojo de la acampada islamista. “No es un barbudo”, aclara por cómo se denomina estos días a los Hermanos Musulmanes. El joven fallecido tiene la tez clara, el pelo corto y un bulto en el ojo izquierdo amoratado por una bala. “Murió de un disparo en la cabeza”.

Sameh Saad no quiere saber de esos muertos. Para él, los Hermanos Musulmanes “no son Egipto”. Ensalza la figura del jefe del Ejército, Abdel Fatah al Sissi, como el único garante de “la seguridad que necesita el país”, que desde el pasado sábado lucha oficialmente contra terroristas. Ha estado a punto de llegar a las manos con un desconocido que aseguraba que los Hermanos Musulmanes son mayoría social.

No se gustan y se desafían en pleno centro de El Cairo, mientras el resto de los viandantes va tomando posiciones en uno u otro bando hasta generar una tensa discusión. Es la tónica de estos días en la capital egipcia, donde los oponentes se rechazan y los partidarios más férreos se baten a tiros. La sociedad egipcia está fracturada, y su herida está manchando las calles de sangre.

El año de gobierno de Mursi, calificado de sectario, provocó una polarización social que estalló cuando se aprobó la Constitución en diciembre sin el apoyo de las fuerzas opositoras. Un texto que ha sido tachado de islamista. Ya entonces, en la calle latía un rechazo hacia los Hermanos Musulmanes, que han ido perdiendo apoyo de forma progresiva, hasta que la masiva manifestación del 30 de junio provocó una intervención militar con el consentimiento de la opinión pública.

El presidente islamista electo fue depuesto, tras lo que se presentó un gobierno interino y una hoja de ruta rechazada por los simpatizantes de Mursi en continuas protestas por considerarlo un “golpe de Estado”.

“Morsi es parte de la matanza en el desalojo”. La dura acusación sale de la boca de un asistente a la manifestación del pasado viernes convocada por los Hermanos Musulmanes tras la masacre. Cree que llevó a cabo una política que no ayudó a la inclusión social y ahora lamenta que los islamistas, “y musulmanes en general”, tengan una imagen de rechazo en el mundo.

Adel Abdel Latif decidió, por tanto, acudir no al llamado “viernes de la ira”, sino al que otros denominaron como “viernes del rechazo”. El rechazo a la espiral de violencia que desde el desalojo de la acampada islamista ha provocado la muerte de más de 1600 personas. Su discurso es crítico con el presidente Mursi pero cree que la actuación de las fuerzas de seguridad está siendo desmedida. “Y la injusticia crea terroristas. Si se presiona a la gente, estalla”.

La única pareja de cristianos de un hotel del centro del Cairo lleva tres días encerrada frente al televisor. Cambian de un canal local a otro donde un rótulo permanente informa de que Egipto está en lucha contra el terrorismo y emite vídeos de los ataques de los partidarios de Mursi. Está atemorizada y no se mueve del salón principal. El historial de la hermandad, acusada durante varias etapas de terrorista e ilegalizada durante la época de Mubarak, no ayuda.

Quienes no salen a la calle, estos días algo más vacía por el toque de queda, el Estado de emergencia y los constantes tiroteos y enfrentamientos, consumen mensajes en los que los Hermanos Musulmanes han quedado fuera del espectro social. El gobierno ya ha anunciado que está estudiando su prohibición, lo que supondría su vuelta a la clandestinidad.

El joven pro Mursi Kareem Abdel Azzi, no termina de condenar el hostigamiento a la minoría cristiana copta tras una semana en la que se ha denunciado el ataque de más de 50 iglesias. “Los cristianos están ciegos siguiendo las ” declaraciones del papa copto”, desvía la condena Kareem aludiendo al apoyo cristiano del Gobierno interino.

“Los trágicos ataques no fueron ninguna sorpresa dado el lenguaje incendiario y sectario empleado por algunos partidarios de Mursi, que culpan a los cristianos de la represión que han sufrido”, ha declarado la subdirectora regional de Amnistía Internacional, Hassiba Hadj Sahraoui, que pide con urgencia la protección de la minorías en el país.

Al ritmo que continúan los enfrentamientos, los simpatizantes radicalizan sus posturas y se extiende la división social en el país en medio de una creciente tensión en la que un presentador de la televisión local OnTv, Youssif El Husseiny, ha llegado a declarar que “cuando luchamos contra el terrorismo, debemos poner los derechos humanos a un lado”.

Publicado por DPA (21 de agosto de 2013)

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