Vuelta al temido pasado militar o avance hacia un incierto futuro islamista


Un joven increpa desde el autobús a los votantes que hacen cola en uno de los colegios electorales del barrio cariota de Sahafiyín. La indignación se la provoca saber que quienes participan en esta segunda ronda electoral estarán apoyando o bien a un exprimer ministro del antiguo régimen —y con él la vuelta al pasado militar que intentaron derrocar— o bien a un islamista y a un incierto futuro confesional, con el que temen que Egipto se convierta en un Estado islámico.  Ahmed Shafiq, el exprimer ministro, y Mohamed Mursi, candidato de los Hermanos Musulmanes, representan los dos peores escenarios para un país que inició hace más de un año un cambio político, el cual ha costado 1100 muertos.

La baja participación del 15%, según el Sindicato de Abogados, parece indicar que la primera jornada electoral solo se han movilizaron los convencidos. No se prevé que el porcentaje aumente significativamente este domingo, a pesar de que a las puertas de los colegios electorales o en los cafés de Cairo no era difícil encontrar indecisos que se preguntaban a sí mismos si debían o no depositar una papeleta. La duda surge de que no serían votos de apoyo. «No es que quiera votar a Mursi, es que quiero votar contra Shafiq», reconoce Amr, un joven ingeniero todavía vacilante sobre su participación. Como él, muchos de los que no faltaron a la cita de Tahrir durante los 18 días de la revolución, se sienten obligados a elegir; a evitar que salga elegido un candidato que ha mostrado recientemente en la televisión pública su admiración por Hosni Mubarak y que amenaza con «limpiar Tahrir en media hora» si vuelven a convocarse manifestaciones. Así que es posible encontrar a izquierdistas y jóvenes laicos apoyando al islamista Mursi, como jamás hubieran imaginado.

Los indecisos que se plantean apoyar a Shafiq pretenden evitar la victoria de los preceptos conservadores y confesionales que representan los Hermanos Musulmanes. Sus propuestas antiliberales en el Parlamento alineadas con las de los grupos salafistas, no les ha creado buena reputación durante la transición. El islamismo es temido por una parte de los egipcios que además lo ven incompatible con la concepción de un país turístico. Creen que ahuyentará a los visitantes extranjeros, muy escasos desde que se inició la revolución, y la economía del país seguirá deteriorándose y ahogando severamente a los ciudadanos.

Quinielas de incertidumbre.

Pese a tratarse de una jornada histórica, los egipcios se han comportado con aparente normalidad. No había exaltación ni entusiasmo ni celebraciones ni grandes colas en los colegios electorales. Para muchos los comicios ya tienen ganador, el candidato de la Junta Militar, así que nada esperan. El juego, como suelen denominarlo, creen que ha quedado al descubierto después de que el Tribunal Constitucional anulara un tercio de los escaños y disolviera el Parlamento a dos días de las elecciones. Se ha interpretado como una clara maniobra política con la que el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA) se asegura su permanencia.

De esta manera, las primeras elecciones civiles de Egipto se han celebrado sin Parlamento, sin una nueva Carta Magna, como constaba el calendario electoral, y con la aprobación de un decreto que resucita el estado de excepción derogado este mes de junio tras 30 años de vigencia. Es decir, el CSFA vuelve a tener todos los poderes hasta que se celebren unas nuevas elecciones parlamentarias. Por otra parte, la ausencia de una nueva Constitución deja las funciones del presidente en el aire y con el nuevo decreto, la policía y los militares vuelven a tener carta blanca para arrestar a los alborotadores.

La sensación es que los egipcios no están pensando en quién será el próximo presidente de Egipto, que parece que seguirá teniendo uniforme, sino sobre el día de la semana en el quetodo volverá a estallar. Podría darse con el inicio del recuento, tras el cierre de los colegios electorales; otros creen que «lo más fuerte» llegará con el anuncio oficial del nuevo presidente el próximo 21 de junio. Pero, en realidad, nadie sabe, como dicen varias voces, a diferentes horas del día, desde distintos lugares de la capital: «Nadie sabe lo que pasará en Egipto estos días». Y sin embargo, pese al discurso derrotista de una revolución que dan por perdida, el optimismo cierra la mayoría de las conversaciones en El Cairo. «La gente está cansada pero todavía tiene hambre», recuerda Ahmad citando el factor revulsivo que podría reactivar una nueva movilización. Lo cierto es que al margen de que Tahrir vuelva a llenarse o siga vacía y decadente como esta jornada de sábado, lo que esperanza de verdad a los egipcios es pensar que un país que ha derrocado a su presidente, «ya nunca podrá volver a ser el mismo».

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s