El dinero ya no lo compra todo


Las manifestaciones chiíes de finales de noviembre en Arabia Saudí se dispersaron a balazos. Dos hombres murieron en un tiroteo entre la policía y los manifestantes que participaban en el funeral de dos víctimas de anteriores protestas.

El pasado 16 de diciembre se convocaron nuevas manifestaciones para exigir la liberación de presos políticos que derivó en más detenciones de activistas. Las organizaciones de derechos humanos locales e internacionales siguen denunciando arrestos por “delitos” como publicar un vídeo en You Tube sobre la pobreza del país, reivindicar la libertad de expresión, por activismo pacífico… Amnistía Internacional alerta sobre el riesgo de torturas y malos tratos a los que someten a los detenidos, que permanecen incomunicados hasta que se obtiene una “confesión”. Un tiempo indeterminado que puede llegar a meses o años.

Las manifestaciones pro derechos humanos con mayor asistencia se siguen registrando en la región chiíta de Al Qatif, donde a finales de noviembre murió otro manifestante.

Para una monarquía tan hermética e inamovible, cualquier cambio que no esté bajo su control  tiene una respuesta implacable y se reprime a la mínima señal, dentro y fuera. En el interior mediante la dispersión violenta de las manifestaciones y la prevención del activismo a través de arrestos, torturas y detenciones. En el exterior, ayudando a contener las protestas internas de otros países, como con el envío de tropas a Bahréin; manteniendo una cautela vigilante e interesada hasta que el presidente yemení, Ali Abdulá Saleh decidiera aceptar la iniciativa que promovió Araba Saudí en el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG); y ahora extendiendo el estado de alarma para reforzar la complicidad con las monarquías del Golfo ante las peticiones de cambio.

En los encuentros del CCG celebrados tras la caída del presidente yemení, Arabia Saudí se ha ocupado de lanzar mensajes de alerta sobre “la inseguridad que vive la península arábiga”. Inquieto con unas protestas que no cesan y que atribuye a la mano de Irán y a “agitadores internos”, pidió al resto de monarquías de CCG que cerraran filas ante las nuevas circunstancias de Oriente Próximo.

El 13 de diciembre, el rey de Arabia Saudí, Abdalá bin Abdelaziz, materializó el cambio de Gobierno que había anunciado en el mes de marzo: Nombró a cuatro nuevos ministros.

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